domingo, 22 de enero de 2017

Bonito

Bonito,
todo me parece bonito.
Bonita mañana,
bonito lugar,
bonita la cama,
qué bien se ve el mar.
Bonito es el día
que acaba de empezar.
Bonita la vida.
Respira, respira, respira.

Bonito. Jarabe de Palo


Un grupo de amigos virtuales, frikis de la arquitectura, alimentamos un hastag en twitter que se llama #100x100masterhouses y que atendemos los sábados de una manera muy sencilla: Quien quiere usa esa etiqueta, pone cuatro imágenes de una casa (las que admite twitter), etiqueta a diez tuiteros como máximo (los que permite twitter) y la cuelga.
El sábado pasado el compañero Peter (@Speedmaster72) subió estas cuatro fotos:





Y escribió: "Leavengood House (St. Petesburg Florida 1950/51), by Ralph Twitchell & Paul Rudolph. #100x100masterhouses".


Como suele ocurrir en estos casos, algunos de quienes lo vieron lo comentaron, otros lo "retuitearon", lo "favoritearon", etcétera. Todo sirva para mantener enhiesto el pabellón y para celebrar la arquitectura a cada rato y con cualquier excusa, que hay muchas y muy valiosas.
Una tuitera no arquitecta (y por lo tanto no perteneciente a este cansino colectivo nuestro) opinó: "una casa fea". Naturalmente, con esa nítida afirmación revolvió el gallinero, y ante la consternación de los defensores insistió: "¿Dónde está lo bonito?"
Para qué queremos más. Como un solo hombre, los frikiarquitectos nos envolvimos en los mantos rituales y saltamos a la carga.
Pero yo me quedo pensando en la frase: "¿Dónde está lo bonito?"
Y me pregunto dos cosas: 1.- "¿Es bonita esta casa?" 2.- "¿Es necesario, o siquiera conveniente, que las casas sean bonitas?"

Ayer, más o menos cuando el amigo @Speedmaster72 estaba colgando esas fotos en twitter, yo me estaba comiendo unas patatas al ajillo de escándalo. Son unas patatas cortadas en rodajas planas, fritas en sartén con buen aceite de oliva, y aromatizadas con un mejunje de ajo, vinagre y perejil bien macerado en el almirez. Es un plato que me vuelve loco. Es la cosa más tonta del mundo, muy sencilla y barata, pero la antepongo a los jardines colgantes de Babilonia y a todos los campos de algodón de Louisiana.
El aspecto del contenido de la sartén es un pegote, una costra.
¿Es eso "bonito"? No. No es nada bonito. Es una especie de plasta, ya digo, pero ay de quien pase por este triste mundo sin haberla probado. Se pierde una de las razones por las que merece la pena vivir.
Bonito.
No es nada bonito. ¿Dónde está lo bonito? ¿Y por qué tendría que ser bonito?
Si la humilde pero gloriosa sartenaca de patatas al ajillo no es nada bonita, ¿por qué tendría que serlo una casa?

Me quedo, en todo caso, con un concepto de "bonito" que sea capaz de englobar a la sartén de patatas. Si no es así no me vale para nada. ¿De qué me sirve lo bonito?
Me quedo con el espíritu de la canción de Jarabe de Palo: una celebración ecuménica de las cosas que nos rodean, una alegría panteísta, optimista, feliz, que nos permita disfrutar del mundo sin más.

Ya sé que solo por poner este vídeo me estoy jugando vuestro cariño, pero es que, si tenemos
que lidiar con el término "bonito", más nos vale -creo- meternos en él hasta el corvejón.

Llevo más de treinta años haciendo edificios, y algunos me han salido "bonitos". Mis clientes me han pedido siempre que las casas que les diseñara fueran bonitas, maldita sea.
Podríamos haber hablado de otras cosas: de verdad, de adecuación, de eficacia, de espacio, de luz, de confort... yo qué sé. Pero no de "bonito".
Mierda: La palabra "bonito" no significa nada. Todo me parece bonito o nada me parece bonito. Es exactamente lo mismo. Bonito = no bonito.
"Bonito" no es ni siquiera "belleza". "Belleza" ya es un término suficientemente peligroso e incluso a menudo miserable y falaz, pero "bonito" se le queda en nada, en piticlín piticlín cursi y ñoño. Bonito no es nada. (O eso, o, ya digo, hacemos gala de ñoñería, ingenuidad e inocencia y nos ponemos a celebrar de verdad, con alegría y optimismo feliz, toda la bonitez del mundo).
Aparte de que yo nunca tendría el talento de hacer una casa como la Leavengood, tampoco mis clientes me lo permitirían. Esa limpieza estructural que muestran las fotos, ese espacio a doble altura, esa escalera, esa luz admiten muchos adjetivos, pero no "bonito".
Ante casas de ese tipo he oído decir a mis clientes: "se parece a...", y en los puntos suspensivos podéis añadir cualquier cosa dicha con repugnancia. Son casas que no se parecen a casas, que no se parecen a lo que la gente tiene conceptuado como "casa" en lo más hondo de su magín. Son casas que parecen otras cosas y que, por eso mismo, nunca pueden ser "bonitas".
¿Y a qué se parecen las patatas al ajillo?
Verdaderamente es todo demasiado confuso.


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5 comentarios:

  1. Genial como siempre el post.

    ¿Dónde está lo bonito?

    ...Me parece muy importante escuchar a los no doctos, porque pecamos, nuestro cansino colectivo de... un poco de todo.

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  2. Es una pregunta muy dificil de contestar a amigos que no andan metidos en arquitectura y que no ven la belleza en la sinceridad estructural de la casa que prese tas, sino en cajas de zapatos con frisos y ornamentos sin tino.

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  3. Hay un poema (tristísimo), titulado La mariposa, escrito por un prisionero en un campo de concentración nazi que fue liberado, y dice así:
    Contento,lo que se dice contento,
    he estado muchas veces en la vida,
    pero más que ninguna
    cuando me liberaron en Alemania,
    que me quedé mirando una mariposa
    sin ganas de comérmela.

    Quizás con la belleza ocurre algo parecido, hasta que no pasa algo excepcional en tu vida (por ejemplo, estudiar intensamente Arquitectura), no diferencias lo bonito de lo bello.

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  4. Yo no soy arquitecta. Tal vez por eso la casa me parece muy bonita.

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