viernes, 31 de julio de 2015

Sexo y kitsch

En una entrada reciente decía que había que atacar el afán simbolista en la arquitectura, y que había que clamar siempre contra la arquitectura que simboliza cosas. Y relacionando esta idea con el kitsch y con el espíritu romántico, apunté brevemente que "el kitsch es romántico, y el romanticismo es una actitud reaccionaria ante el sexo. El romanticismo necesita una muy buena excusa para acceder al sexo, y esta arquitectura kitsch necesita una muy buena excusa para apelar a los sentimientos y al honor de un pueblo. Pero en ambos casos son excusas simbolistas, falsas, postizas, manipuladoras".

Llámalo amor y romanticismo, pero ya sabemos lo que quieres decir

Como no me puedo callar la bocota, prometí desarrollar esa insinuación en una posterior entrada. Bueno, pues a ver cómo cumplo mi promesa y cómo, ligando sexo y kitsch, puedo hablar de arquitectura simbólica.
(En menudos líos me meto. Menos mal que mi asesor personal, Jesús Julián Federico Alfonso Vélez de la Revuelta y Díaz de Montenegro Santafé -Chusi-, me dice que poniendo la palabra sexo en el título voy a batir records. Pues sea por ello. Me meto en el charco).

En su imprescindible y curioso libro Kitsch, Vanguardia y el Arte por el Arte (1), Hermann Broch dice que en el origen del romanticismo está "el origen, por un lado, de la exaltación de quien, desdoblando todas las energías espirituales, incluidas las artísticas, intenta elevar a una esfera absoluta o pseudoabsoluta el mezquino acaecer cotidiano de la vida terrenal y, por otro, del terror de quien intuye el peligro de una empresa de este tipo. De hecho, de dicha exaltación y de dicho terror deriva esa particular incertidumbre del alma romántica que, trémula y vacilante, quisiera volver atrás, quisiera correr hasta el seno de la Iglesia para refugiarse nuevamente en su certidumbre sobre el absoluto".


Vamos, que el romántico quiere exaltarse por cualquier chorrada o, mejor dicho, quiere que todo lo que le pasa sea sublime. Sólo quiere vivir en una exaltación continua, en una excitación permanente. Pero se da cuenta de que por ese camino acaba sacralizando todos sus instintos y todas sus circunstancias, y se asusta. No quiere ser un "pagano naturista" o algo así. Se siente culpable. Es puritano, y le da vergüenza descubrir tanta intensidad en sus sentimientos, tanta sensualidad.
"Toda ascesis, toda represión del placer tiene un centro de gravedad sexual. Es cierto que el puritanismo no imponía una castidad monástica, sino una rigurosa monogamia. Precisamente, lo que había que confirmar y reforzar era la monogamia; tanto más cuanto que, de esta manera, se podía impregnar el corazón de libertinage. El amor monógamo quedaría a salvo, si se lo intensificaba hasta la exaltación que en otro tiempo había sido rigurosamente prohibida por la ascesis".
El monógamo envidia al libertino, y para vencerle resuelve que lo suyo es mucho más puro y mucho mejor. Está seguro de su superioridad ética y moral sobre el libertino, pero pierde pie cuando considera que el libertino se divierte y disfruta más que él, y dedica todas sus energías a corregir esa sensación, de manera que decide que su monogamia es mucho más intensa, sublime, estupenda, completa, etc.
"La nueva época, es decir, la época de la burguesía, aprueba la monogamia, pero al mismo tiempo quiere gozar de todos los placeres del libertinage, de forma todavía más concentrada, si ello fuera posible. Por ello, no se contenta con elevar hasta las estrellas el acto sexual monógamo; obliga a las estrellas, junto con las demás cosas eternas, a descender a la tierra para ocuparse de la vida sexual de los hombres y permitirles alcanzar mayor intensidad de placer. El medio para alcanzar dicho resultado es la fantasía reforzada con la exaltación".
El "enamoramiento romántico" es algo sublime, y tan fuerte que obliga al propio Dios a ser su testigo y su cómplice. Hay una falta absoluta de medida, de proporción y de límite. Nada es suficiente para exaltar tanto amor. Toda la historia de la humanidad, todos los milenios transcurridos hasta ahora sólo han tenido como objetivo que yo me enamorara de esa mujer. Mi amor convoca a todas las fuerzas cósmicas y las conjura.
Puestas así las cosas, ¿habrá alguna tarjeta postal capaz de expresar lo que siento? ¿Habrá algún perfume, algún regalo, algún dulce, algún adorno digno de este amor? No. Imposible. Nada es suficiente. Nada es demasiado. Necesito más, más y más.




¿Hace falta seguir? No; ¿para qué?
En esta misma línea leemos las letras de algunos boleros: "Sabrá Dios si tú me quieres o me engañas"; "Amor, amor, amor, nació de Dios para los dos; nació del alma"; "Mujer, si puedes tú con Dios hablar pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorar"; "Ahorita estaremos juntos, unidos por siempre en nombre de Dios"; "Qué tendrán tus ojos que cuando ellos miran me acercan a Dios". Y muchos más. (Se ve que Dios no tiene mejor cosa que hacer que andar de carabina, o estar ahí plantificado para hacer de testigo, o algo así).
Resumiendo lo dicho por Broch, el libertino emite y reparte material genético a plena satisfacción, sin complicarse la vida ni pensárselo dos veces, mientras que el romántico, muchísimo más limitado en cuanto al reparto, necesita convencerse de que lo suyo es mucho más valioso, e incluso más placentero. Y no repara en exagerar.
Según Broch, esta es una de las características fundamentales del kitsch.

domingo, 26 de julio de 2015

Los pianos de Casablanca

Seguro que todos conocéis la escena del piano de Casablanca (en la que Ingrid Bergman NO dice: "Tócala otra vez, Sam").


Dooley Wilson hace la interpretación de su vida cantando y tocando al piano sólo un trocito de As Times Goes By. Suficiente para que ya todos reconozcamos la canción para siempre.
Un buen tema para dedicarle no una, sino una docena de entradas.

Pero esta no. Esta va de otra cosa.
El gran arquitecto Luis Gutiérrez Soto hizo de todo, y entre ello varios cabarets o salas de fiesta. 
En 1933 (nueve años antes que la película) proyectó la Sala de Baile Casablanca, que fue muy popular en el Madrid de la época y que hoy ha desaparecido, como tantas obras.


Nos resulta curioso que en aquel momento aún no se olieran los fétidos vapores de la inminente guerra civil, y los madrileños vivieran la noche con alegría y optimismo.
Estos dancings nos llevan a una época de alegría, de sofisticación, de alcohol, jazz y cosmopolitismo, y también nos transportan a una suerte de agujero negro o de escondite de avestruz. No hay más que ver fotografías del Madrid de ese tiempo de unas cuantas manzanas más allá, o de esa misma zona por la mañana (cómo cambia el mundo por la noche). Las fotos de los niños llenos de mocos, de las mulas con cántaros de agua, de los hombres con boina y navaja y la cara renegrida y áspera como una lija son de ahí mismo, pero pertenecen a otro universo.
Pero, como digo, los dancings eran otra cosa: una vida feliz y llena de promesas. Fijaos en el delicioso grafismo de los planos y en la maestría del diseño, que se apoya en la simetría para contradecirla cuando lo necesita, reforzándola al mismo tiempo. Una obra menor, una obra hecha de un tirón, sin despeinarse, pero llena de sabiduría. Qué rincones, qué esquinas, qué escaleras. Un máster en diseño arquitectónico concentrado en unas líneas.
Planta baja

Planta alta

¿Qué os parecen? Fantásticos, ¿verdad? Como todo lo que hacía Don Luis. Demuestran un oficio pasmoso. Si los clicáis podéis verlos más grandes y apreciar mejor sus detalles.
¿Pero os habéis dado cuenta de un detallito?


La orquesta, formada por gajos que se pueden elevar independientemente y así alojar tanto a una Big Band como a un pequeño grupo, está escoltada delante por ¡dos pianos! ¡Qué lujo! ¡Qué derroche! ¡Qué barbaridad!
Ya. Lo curioso es que un piano tiene la escala creciente y el otro decreciente. Vamos, que uno va a derechas y el otro a izquierdas. Y eso no es posible. La cola de los pianos es más larga por la izquierda y más corta por la derecha. Uno de ellos está mal.
Las guitarras se pueden acordar al derecho y al revés, para diestros y zurdos (aunque un guitarrista me dijo una vez que hay guitarras para zurdos, ya que la simetría no es perfecta y a un zurdo no le viene del todo bien colocar las cuerdas al revés en una guitarra para diestros). Pero los saxofones, por ejemplo, sólo son de una forma, porque la digitación es tan sencilla que se pueden tocar con dos manos izquierdas. Los pianos también tienen una sola forma, pero por el motivo contrario: Su digitación es tan difícil que hay que tener dos manos derechas, diez dedos sabios. Vamos, que sí que hay pianistas zurdos haciendo otras cosas, pero tocando el piano no.




Si miramos las fotos de la sala ya en uso (podéis clicarlas para verlas más grandes) vemos que sí que se colocaron dos pianos, pero "normales", o "reales".

lunes, 20 de julio de 2015

La verdadera democracia

Este edificio es la sede de la Asamblea de Murcia, la expresión más pura y respetable de la democracia que se encarna en una región española.


De la Constitución Española de 1978, cristalizadora de nuestra democracia y marco de nuestra convivencia no sólo pacífica sino creativa y constructiva de un progreso innegable, surgieron las comunidades autónomas, que se establecen a su vez como democracias regidas por sus respectivos parlamentos y gobiernos.
La sede de la asamblea de una comunidad autónoma es, por lo tanto, el palacio del pueblo, el espacio arquitectónico que aloja las ansias y las aspiraciones de una sociedad. Es el lugar de las ideas, las palabras, las leyes que se imponen los ciudadanos a sí mismos para convivir y para prosperar.


Arquitectónicamente hablando, diseñar esa sede es un ejercicio fascinante.





miércoles, 15 de julio de 2015

¿Por qué?

Ya no asistimos atónitos a nada. No se molesten en intentar escandalizarnos: Es inútil. A cualquier chorrada que ustedes nos propongan contestaremos con un "pues muy bien", con un "sí, hombre, sí", y con un "hale, a seguir bien", sin girar siquiera la cabeza, sin pararnos un segundo y sin desviarnos ni un milímetro de nuestro camino a ninguna parte.
A nosotros ya nada nos afecta ni nos perturba. Estamos en una suerte de pasotismo zen o de tocagonadismo tao. Qué más da.
Pero a las pobres criaturas que aún esperan algo de la vida qué; ¿eh? Pobrecillas. Gente sensible aún, optimista aún, esperanzada aún. A ellos qué. Alguien debería hacer algo por ellos.
La última (o la anteantepenúltima, porque las paridas son tan seguidas que cuando me entero de alguna ya han salido varias más) es que alguien va a hacer un edificio inspirado en las curvas de Beyoncé.


Infografía del proyecto de la Torre Premiere, en Melbourne.

Pues muy bien.
Pues sí, hombre, sí.
Pues hale, a seguir bien.

(Pues a mí no se me parece nada a Beyoncé).

En realidad el rascacielos no se inspira en las turgentes carnes de Beyoncé, sino en su cuerpo enfundado tal como aparece en el vídeo de su tema Ghost




Imágenes del videoclip Ghost, que ha inspirado un edificio.

Pues muy bien.
Pues sí, hombre, sí.
Pues hale, a seguir bien.

Quiero decir: Así sí. Así sí que se parece. Qué estupendo.

¿Y por qué? ¿Y para qué?


Si el criterio compositivo ha sido ese, me parece perfecto, me parece estupendo, me parece sublime. Sí, hombre, sí. Vete por la sombra, que hace mucho calor. Hale, a seguir bien. Si ese ha sido el único motor del proyecto entonces la única crítica arquitectónica que podemos hacer a la imagen que tenemos aquí arriba es: "los pechos de Beyoncé son más rotundos que los de la torre", y también: "el pecho izquierdo del rascacielos está un poco caído (y es raro)".

-¿Dónde vives?
-En Spencer Street, Edificio Beyoncé, Glándula suprarrenal izquierda, Melbourne (Australia).

Pues muy bien.
Pues sí, hombre, sí.
Pues hale, a seguir bien.

miércoles, 8 de julio de 2015

¡Quita tus sucias manos de Jacobsen!

Acabo de ver esta foto en Facebook:


Con la noticia de que BIG + Zaha Hadid reinterpretan la silla serie 7 de Jacobsen.
El titular resumido en Facebook decía eso, y yo he entendido que esa imagen que acabo de poner se debía al diseño de BIG y de Zaha Hadid trabajando en oscuro contubernio contra el bueno de Arne Jacobsen.
Y he gritado automáticamente: "¡QUITAD VUESTRAS SUCIAS MANOS DE JACOBSEN!"
(No obstante, como diré ahora, a pesar de mi grito he notado algo en esa silla que me ha hecho concebir el comentario en mi blog).
He clicado en la noticia y ya el titular era más claro: Bjarke Ingels, Zaha Hadid y otros reinterpretan la silla Serie 7 de Jacobsen. Siete arquitectos, siete sillas serie siete. ¡Qué ingeniosos! Cada uno una. Las he mirado todas, y me ha parecido el típico juego de fin de curso o del cumpleaños de la Madre Superiora. Como os he puesto el enlace me ahorro colgar todas las fotos. Las podéis mirar tranquilamente. Tan sólo digo que es un poco forzado pedirle un chiste a un cómico distraído o cansado. A veces no salen. Casi nunca salen bien en esas condiciones. Se saca uno una bromita de la chistera de un becario y a correr.
Asunto terminado.
No obstante, la que yo creía fruto de una colaboración extraordinaria de BI&ZH (y que en realidad es obra sólo del primero) sí me suscita un comentario. A ver si sé expresarme con claridad y no ser demasiado pesado.

Partamos de la silla original de Jacobsen. La silla Serie 7. Según parece, la silla más vendida de la historia:


Un objeto muy bello, pero, sobre todo, una silla cómoda y ligera, y con una propiedad fundamental y característica: Es apilable.


Que nos lo digan a los de mi banda, la de veces que hemos tenido que bregar con ellas llevándolas de allá para acá, subiéndolas y bajándolas de la furgoneta. Son estupendas.

domingo, 5 de julio de 2015

Cinco años

Este blog cumple hoy cinco años. ¡Qué barbaridad! Cuando lo empecé no sé si habría sido capaz de hacer votos por cinco años. No sé si esperaba algo así. Seguro que no.

(Claro, que hay otros más lanzados, que en seguida los hacen pero luego no duran nada).
Reverso de un centenional de Joviano en el que hace votos por cinco años,
aunque sólo fue emperador durante ocho meses. (Cortesía de tesorillo.com)

En el peor momento profesional de mi vida me dio por abrirlo. Hacía ya tiempo que quería hacerlo, pero no me terminaba de decidir y no sabía cómo. Mi hermana Gema tenía un blog en Blogger y me dijo cómo se creaba.
Yo no sabía nada. Quería que se titulara ¿Arquitectamos locos?, y empecé por dibujar el título que debía hacer de cabecera. Lo hice con una tipografía muy rotunda y muy bruta, en la que destacaba tanto el signo de cierre de la interrogación que acabó por comerse al de apertura. Así que al empezar el proceso de creación del blog y tener que escribir el título puse "Arquitectamos locos?" esperando que me pidiera en algún momento la terrible imagen jpg que tenía preparada, pero ni me la pidió ni yo supe dónde tocar para subirla. Fui dejándome llevar, eligiendo fondos y formatos entre los que me aparecían como disponibles, sin pensar siquiera en cómo diseñar yo uno, y me lancé a escribir.
No sabía ni insertar una imagen, ni hacer un enlace, ni nada de nada. (Ahora sé muy poco más).
Mi primera entrada fue esta. Hasta tiene el título repetido porque me lié y porque no sabía cómo aparecería en pantalla. (Pensaba que el título que yo ponía en el cajetín del borrador era un nombre de fichero para mi uso interno, pero que no se vería. Por eso lo volví a poner en el cuerpo del texto. A veces soy muy retorcido y hago ese tipo de cosas. Ya os he dicho alguna vez que jamás he sido capaz de rellenar correctamente un formulario: Suelo decir más de lo que me preguntan, y más enrevesadamente). Tampoco sabía editar lo ya publicado, y así se quedó.
Rápidamente me hicieron comentarios a esa primera entrada unos entrañables, grandes y valiosos amigos, así que a partir de ahí seguí escribiendo muy animadamente. Y hasta ahora. ¡Cinco años ya!

Esta es la entrada trescientos cuarenta. (Bueno, vale: tricentésima cuadragésima). Salgo a una media de 68 entradas al año. Una cada 5,37 días. Vale, quizá no sean muy buenas, pero son muchas. ¡Y hay quien se ha leído el blog entero! (Enormes gracias y un emocionado abrazo a Sergio Andrés Uribe -Arquitecturibe-, que en un determinado momento descubrió el blog y lo fue leyendo hacia atrás, sin perderse tampoco las nuevas entradas. Y sé que como él lo han hecho otros. Es una exageración tan formidable que no sé qué pensar. Me deja anonadado y muy agradecido).

El primer -histórico- comentario de este blog es de mi amigo Pablo a aquella entrada inaugural, y consiste en un lacónico pero estimulante "Enhorabuena!!" que me produjo una gran alegría y el vértigo de pensar que ya no había marcha atrás; que ya no podía hacer melindres ni vaguear, y también el vértigo de preguntarme cada día qué podría contar yo aquí. En ese vértigo sigo.
(Es curioso, pero en ese primer mes del blog, julio de 2010, escribí 17 entradas. Una barbaridad. Eran cosas rápidas, inmediatas. Eran, como el Oficio de Tinieblas 5, la purga de mi corazón).

A las pocas semanas mi socio Tomás y yo cerramos el estudio y me vine a mi casa, desde donde sigo trabajando a salto de mata y haciendo mis proyectos y mis cosas en solitario y como puedo. En algunos aspectos he madurado (a mis cincuenta y cinco años); en otros -la mayoría- sencillamente he envejecido.

Mientras tanto, he cambiado mis bobadas y diatribas en el Amedros (léase el segundo comentario de Pablo) con cuatro (u ocho) amigos por este blog, con muchos lectores, pero añoro aquellos días. (Hoy el Amedros, igual que mi estudio, está cerrado). También añoro la actividad de entonces. Siento muy nítidamente, cada vez más nítidamente, que el peor de los proyectos y el peor de los edificios es mejor que la mejor que las críticas, reseñas o habladurías (llamad a estas de aquí como queráis). Hacer edificios -como hacíamos entonces- era tan apasionante que no nos quedaba tiempo ni para escribir, ni para leer, ni apenas para reflexionar en algo más que en los propios problemas técnicos y constructivos. Qué fantástica es la pasión por construir. Qué estimulante es ver levantarse de verdad, en carne y hueso, lo que uno ha pensado y dibujado.

Este blog me ha salvado la vida, y espero que a vosotros os la entretenga de vez en cuando. Pero vida, lo que se dice vida, es hacer edificios. Todo lo demás, todo esto, es subsistir, luchar, patalear, no dejarse vencer, pero no es lo mismo. No. No lo es.
Si tienes alas, vuela; si tienes piernas, corre; y si no las tienes, arrástrate. Nunca te rindas, nunca dejes de moverte, de manotear, de morder, de arañar. Como sea. Por eso sigo con el blog. Y si me lo quitaran hablaría por la calle. Y hasta daría clases si fuera preciso. Pero no nos confundamos, no perdamos la perspectiva: Esto no es volar.

Gracias a este blog he conocido a mucha gente, la mayor parte compañeros de profesión, pero otros no. Amigos virtuales todos, que me llenan de alegría y de estímulos para escribir, para pensar, para discutir... Pero he perdido (a estas alturas ya pienso que definitivamente) a mis compañeros del estudio: a Adeli, a Eva, a Rafa, a Miguel Ángel... (A Tomás, a Germán y a Andrés los sigo viendo de una forma más o menos irregular pero mantenida y continuada). No sé si leeréis esto alguna vez. No sé qué es de vosotros. Ojalá os vaya todo bien, razonablemente bien, o al menos no muy mal. Me acuerdo constantemente de vosotros, y lo hago con nostalgia, con pesimismo y con desazón. Ojalá me mandarais algún tipo de mensaje para desarmar mis temores.

En fin. Lo siento. Quería celebrar el privilegio que tengo por escribir aquí, y la alegría que me dais leyendo y comentando estas cosas, y haciéndome sentir acompañado y querido, pero me ha dado llorona.

Maldita sea. Quemaría este blog y todo lo que contiene por un café en el Tanín con vosotros.



(Pero sigo. Sigo y seguiré. Tengo que escribir).
Silicua de Valentiniano I. Cumplidos cinco años de fidelidad a su pueblo
promete cinco más, hasta un total de diez. Lo tomo como ejemplo.
(Y después, cumplidos los diez, otros diez. Etcétera).

Las indicaciones nusmismáticas se las debo a mi amigo Manuel Pina,
factótum de la web tesorillo.com y seguidor de este blog.
Muchísimas gracias, Manuel.

martes, 23 de junio de 2015

Cero en arquitectura

El número cero nos parece algo tan obvio que no nos imaginamos vivir sin él. Forma parte de nuestra forma de contar, de numerar, de entender el mundo y de vivir, y nos parece algo consustancial con nosotros, elemental y evidente. Sin embargo es de una sofisticación extrema.
Los griegos y los romanos, que eran tan listos, jamás intuyeron su importancia. El cero era la nada, la no existencia. Por lo tanto, no servía para nada y no se tenía en cuenta. Bueno: Ni los griegos, ni los romanos, ni los cristianos medievales... Hasta hace cuatro días no lo hemos adoptado en nuestras vidas.

¿Qué es para nosotros el cero? El vacío, la nada. Sí. Pero sobre todo es un hueco.
(Y ahí entendemos hueco como sitio -hacer sitio-, como espacio, como vacío, como casilla, como...).
Mejor lo diré con un ejemplo: El 0 no es nada, pero no es lo mismo el 0 de 106 que el de 160, ni tampoco es lo mismo que no lo haya: 16. Tampoco son iguales 1600 y 10000000006. Las cifras significativas de estos ejemplos son el uno y el seis, pero no podemos decir que el cero no sea nada o que no sirva para nada. El cero tiene el inmenso poder de poner al uno y al seis en distintos sitios, y con valores muy diferentes.

Piet Mondrian, Composición en rojo, azul y amarillo.
(Podríamos ver el blanco como cero que sirve para
"colocar" al amarillo, a los rojos y a los azules)