miércoles, 28 de enero de 2015

¿Cuál es el problema?

El cementerio está a unos setecientos metros al sureste del pueblo, aunque una urbanización de los años noventa se acerca hasta los doscientos metros.
Se parece a todos: tapia, cipreses y tumbas silenciosas confinadas en la nítida geometría de la muerte, en la pacífica permanencia de lo inane y lo olvidado.
Un lugar apartado, silencioso, solitario. Tiene un problema: Cuando hay entierro los familiares del difunto se colocan de pie ante la tapia para recibir el pésame, como si estuvieran esperando el pelotón de fusilamiento, y allí, según la época del año, les puede abrasar el sol inmisericorde o empapar la lluvia cruel y helada.
De pie derecho, unen a su dolor la sordidez de su impúdica exposición y reciben el apresurado pésame de sus conciudadanos, que cumplen con la costumbre y huyen.

Tapia del cementerio de Badajoz
(No es a la que me estoy refiriendo, pero puede valer como ejemplo)

La alcaldesa y los concejales de ese pueblo deciden que ya va siendo hora de poner una marquesina que proteja a los dolientes de las inclemencias del tiempo.
Su primera idea es muy sencilla y clara. Ya saben lo que quieren: una parada de autobús. Así. Tal cual. Comprarla según viene en catálogo y ponerla delante de la tapia.


Una inmediata aplicación funcional para resolver un problema real y concreto. Pues ya está: Problema resuelto. Mejor dicho: al quedar resuelto al mismo tiempo de ser planteado no llega ni a ser problema. ¿Cuál es el problema?
Además, ese elemento está fabricado en serie, lo que reduce mucho los costes, asunto nada baladí en un ayuntamiento que no tiene suficiente dinero para nada.
Pero de pronto alguien estropea ese momento de plenitud, pues opina que esa marquesina es buena para la lluvia, sí, pero no para el sol, y en el acto acuerdan que la pondrán tal cual, pero con el techo opaco. De nuevo queda solucionado un problema casi antes de ser planteado.
Pero justo en ese momento surge el verdadero problema, un problema que ya no tiene solución fácil y rápida (ni tampoco difícil y lenta). Uno de los concejales dice: "¿Y el techo será de chapa?" Otro le contesta: "Pues sí, claro". Y aquél remata: "Qué feo".
Ese es el problema: "Qué feo". Puff. Ese sí que es peliagudo.
Y entonces acuerdan que quedaría mucho mejor con un tejadito de teja. Pero, claro, la teja no se puede poner sobre esa marquesina industrializada y prefabricada, sino que hace falta hacerla "de obra", y entonces llaman a tres constructores locales para que den precio de quién sabe qué: pues una... así como... con unos... y que tenga tejado de teja. El equipo de gobierno no define nada, y los tres constructores dan precio, pero cada uno de una cosa distinta. No explican claramente lo que van a hacer, ya que describen la marquesina con apenas tres o cuatro líneas de texto muy imprecisas, y es imposible saber exactamente a qué se refiere cada uno.
Entonces alguien se acuerda de mí. Me propone y todos asienten tranquilos por fin. De nuevo ha dejado de haber problema porque ya me hago cargo yo. Ya veis: El encargo de mi vida (no se dice claramente, pero se entiende que es gratis, como amigo que soy de los miembros de la corporación municipal). Debo hacer un croquis rápido (vamos, un mono de servilleta de bar) que sirva para remitírselo a esos tres constructores y que vuelvan a presupuestarlo. La idea es que esta vez presupuesten todos lo mismo.

Cementerio de mi pueblo: Seseña (Toledo).
Lugar para recibir el pésame junto a la puerta del cementerio.
Imagen obtenida de google maps.
(Un ejemplo de solución al problema que se me plantea en otro pueblo)

Por una extraña razón, por un estúpido romanticismo (y porque no tengo un encargo desde hace tiempo), la encomienda me emociona y me toca la fibra.

viernes, 23 de enero de 2015

Je suis Charlie (mais j'adore l'argent)

Estos días se ha hablado mucho de libertad, de tolerancia, de dignidad. Y se han escrito muy sentidas palabras ante el brutal atentado terrorista de unos islamfanáticos contra los trabajadores del semanario francés Charlie Hebdo: un semanario bastante bruto, cuyos redactores y dibujantes se han dedicado siempre a reírse del lucero del alba, mostrando a menudo una tosca falta de sentido del humor y una excesiva tendencia a la grosería.
Pero al fin y al cabo se reían, y hacían reír a sus lectores. Pocas cosas hay en el mundo más hermosas que reírse y hacer reír a los demás. El humor puede ser más o menos inteligente y más o menos elegante, pero como tal humor a mí (que también soy muy bruto) me parece bien.
Tras el atentado, la revista -mutilada y muy dañada- ha seguido funcionando. Con un tesón y una convicción que les honra, han sacado su número semanal puntualmente.
Los terroristas idiotas han conseguido empapar de ética, de valentía y de rectitud moral lo que hasta ese momento no era sino una colección de eructos. Tras el atentado, los dibujantes cómicos de todo el mundo, y ciudadanos de todas las profesiones, ideologías y pensamientos, enarbolaron el letrero "JE SUIS CHARLIE" (Yo soy Charlie) como solidaridad y unión con los chicos del Charlie Hebdo. El caso es que, una vez cometidos los asesinatos, y una vez manifestado el dolor por todo el mundo, la revista tenía el desafío histórico de responder ejemplarmente.
Y lo hizo. Ha sacado su nuevo número, en cuya portada muestra un dibujo muy poético y emocionante:


Aparece Mahoma (¡nada menos que Mahoma, y en caricatura!) con uno de los ya famosos carteles de "je suis Charlie" y llorando. (O sea, que el propio Mahoma se solidariza con la revista y llora por el atentado de unos desalmados descerebrados que le veneraban y que incluso sentían que actuaban en su nombre). Sobre el dibujo hay un rótulo que me parece algo enigmático: "Todo está perdonado". No sé muy bien si el dibujante, en nombre de la revista, dice que ellos ya han perdonado a los asesinos (cuesta creerlo, en menos de una semana, pero en todo caso es una manifestación loable y admirable) o si ese rótulo también habría que atribuírselo al profeta: Llora, exhibe un cartel de "je suis Charlie" y dice que perdona a los dibujantes blasfemos por sus insultantes y salvajes dibujos y a los terroristas asesinos por su loco crimen.
Bueno; sea como sea, se entiende que todos perdonan a todos (ojalá) y es algo digno de aplauso.
El dibujante ha dicho que hizo el dibujo, y que cuando escribió sobre él "TOUT EST PARDONNÉ" rompió a llorar. Lo creo.

jueves, 15 de enero de 2015

Kitschpectáculo

Los arquitectos nos quejamos de la arquitectura espectáculo, pero todos vivimos en un espectáculo total. Todo es espectáculo. ¿Cómo no iba a participar también la arquitectura en él?
Cada vez es más frecuente que en las noticias de la tele nos hablen de un "espectacular accidente", o de un "terremoto espectacular", o de un "atraco espectacular".
Es decir, esas desgracias (accidente, terremoto, atraco) nos son propuestas a todos nosotros como elementos de diversión. Todo es un espectáculo. La muerte y el hambre. La tragedia. La usura, la crueldad, la enfermedad, el mal. Todo.
A eso se reduce todo: a espectáculo.
Tal y como lo dicen en las noticias, se conoce que en tal país han muerto cientos de personas sólo para que nos divirtamos, ya que, según nos dice el pedropiqueras de turno, la matanza ha sido "espectacular".
"Espectacular" es lo propio del "espectáculo", y un "espectáculo" es una función o diversión pública.
(Sí, ya sé que el DRAE ha terminado por admitir también la desviación que yo estoy denunciando, pero el DRAE es un notario que va glosando -con retraso- los crímenes que se van perpetrando contra nuestra lengua).

Entonces, si hasta las matanzas, las guerras y los genocidios son ya espectaculares, ¿por qué no iba a serlo la arquitectura, que tiene muchos más motivos y más razones para ello?

Como ya comentamos hace poco, Frank Gehry se enfadó porque le dijeron que su arquitectura era espectáculo. Pues claro que lo es. ¿Cómo no iba a serlo?

Así se puso Frank Gehry cuando le hablaron de arquitectura espectáculo

La gente va a Oak Park a ver las Prairie Houses, o a Sidney a ver la ópera, o a Ronchamp, o a Nueva York o a Barcelona para ver edificios y plazas. ¿Por qué no iba a ser un espectáculo la arquitectura?
Claro que lo es. Es una fuente de diversión, de alegría y de placer. Pues qué maravilla y qué bendición.
Otra cosa es cuando la arquitectura es sólo espectáculo, y además malo: del nivel de "Humor amarillo" o "Sálvame de Luxe".
Puesta a ser un espectáculo, podría ser uno mejor.

El problema no es que la arquitectura sea espectáculo; el problema es que cuanto peor espectáculo es a más gente gusta.
Claro, que eso no le pasa sólo a la arquitectura. Lo mismo sucede con la novela, con la canción, con el cine... Lo malo es constatar que la aceptación popular va en sentido contrario a la calidad de las obras.

Señor Ghery: Cuando alguien hace esto

Frank Gehry, Clínica mental en Las Vegas
(Por si necesitabas una temporada de reposo: Pues te fastidias)

no puede pedir respeto después, ni enhestar el dedo corazón de la mano derecha mientras lanza miradas de monja cabreada a quien, honradamente, le ha preguntado por su arquitectura espectáculo.

Es curioso: Si te dicen que tu arquitectura es espectáculo te cabreas, pero si te dicen que es espectacular te sientes muy honrado.
-Señor Gehry: Ha hecho usted una clínica espectacular.
-Muchas gracias. (A ti no te levanto el dedito).

Incluso salvadores de la patria que propugnan una nueva sociedad ideal y revolucionaria acaban cayendo ante el espectáculo.

El rey desnudo y su sastre

Y en países que tienen serios problemas de abastecimiento y donde se nos cuenta (seguro que son insidias imperialistas) que carecen incluso de papel higiénico (por ejemplo) a sus dirigentes no les tiembla la mano para encargar arquitectura espectáculo. (O, si lo preferís y lo veis mejor, arquitectura espectacular).

El cine es puro espectáculo. El problema es que alguien considere espectacular Pepito Piscinas. Y también que valore la calidad de una película sólo por el número de helicópteros y aviones estampados.

jueves, 8 de enero de 2015

La pluma, la espada y la indiferencia

Todos estamos consternados estos días porque unos analfabestias han asesinado a unos dibujantes groseros que hacían chistes y bromas sobre Mahoma y el Corán. Bueno, los hacían también sobre Jesucristo y sobre cualquier religión o convicción. Y sobre cualquier cosa que se moviera. O que no.
Algunos de esos chistes son muy buenos, pero otros son un mero eructo sin gracia alguna. Pero eso ahora es lo de menos. La gente civilizada cuando lee un chiste que no le hace gracia lo dice, pero no mata a nadie.


Ha habido una reacción emocionante en todo el mundo ante este atentado. Muchos dibujantes han hecho sus homenajes particulares a los asesinados (en mi opinión con dibujos muy superiores a los de la revista asaltada, y de los que he seleccionado una muestra para ilustrar esta entrada), y se ha suscitado la eterna pregunta de si la pluma es más fuerte y noble que la espada. (Pregunta que se hace el mismo Cervantes en el Quijote y que, curiosamente, resuelve a favor de la espada. Cervantes mira con nostalgia sus años de soldado y siente que ser escritor es un mal sucedáneo, un pobre refugio de impotentes).


Ese debate fue muy fecundo en los siglos del Renacimiento y del Barroco, pero hoy parece totalmente superado. La gente civilizada cree en la pluma, y en que, aunque los bestias de la espada siempre ganan en el cuerpo a cuerpo, en las distancias largas el mundo es de los pacíficos y de los cultos. La inteligencia vence a la fuerza: Eso es lo que quisiéramos creer.


Por otra parte, también estos días ha salido a la luz un dato del CIS que dice que el 35% de los españoles no lee nunca o casi nunca. Vamos, que las tres palabras (cuatro a lo sumo) que trae el titular de la portada del MARCA son su límite. O sea, que les das un libro y no saben por dónde se abre.


Desde hace años, con la escolarización universal y la Enseñanza Secundaria Obligatoria se supone que el nivel cultural y formativo de los españoles ha subido. Pero la realidad es que cada vez se lee menos y cada vez importa todo menos.
(Importa si Rosaura y Penélope, que son dos concursantes de Gran Hermano que me acabo de inventar, se han peleado porque Penélope se quiere zumbar a Yuyo y Rosaura es una lagartona zorrona. Pero poco más. La vida sigue plácidamente y el rascado de escroto se realiza en todo momento y a completa satisfacción).


Dos ejemplos, vistos con mis propios ojos y escuchados con mis propios oídos, de la alta formación de la juventud española, de esta rozagante "generación mejor preparada de la historia":
1.- En el programa Lo sabe, no lo sabe, de la cadena cuatro de televisión la concursante tiene que conseguir que un viandante que ella elija sepa qué mar baña Almería. Elije a un joven de unos veinte años que pasa por allí. El presentador le hace la pregunta: "¿Qué mar baña Almería?" El muchacho lo piensa unos segundos y contesta: "El Ebro".
2.- La cadena Telecinco emite un programa concurso vergonzoso y zafio que se llama Mujeres y hombres y viceversa. El nivel es tan ínfimo que un ingenioso tuitero escribe: "Estoy seguro de que ningún espectador de 'Mujeres y hombres y viceversa' sabe lo que significa viceversa". Un lector del tuit, ofendido, contesta: "Yo soy espectador de ese programa y lo sé: significa bisexual". (Miro el TL de este mamífero, me pasmo ante otros tuits que ha escrito y deduzco que no ha escrito eso de coña).


O sea, que ante el "hecho cultural" tenemos mucha gente que reacciona con intolerancia y con violencia y otra mucha gente que no reacciona en absoluto y se disuelve en la indiferencia. No sé qué me da más miedo.





(Si te ha gustado, clica el botón g+1 que verás aquí debajo. Muchas gracias).

viernes, 2 de enero de 2015

Fisac 451

Supongo que todos conocéis la terrible novela Fahrenheit 451 de Ray Bradbury y la película homónima de François Truffaut.
En una sociedad sometida a unos gobernantes dictatoriales o, aun peor, absurdos, kafkianos e imbéciles, están prohibidos los libros. El pueblo es más dócil y está más idiotizado si no lee, así que se prohíbe leer y se queman todos los libros existentes. (Al parecer, Fahrenheit 451 es la temperatura a la que se quema el papel).
Un grupo de ciudadanos resistentes se juega la libertad y la vida aprendiéndose cada uno un libro de memoria. Durante el proceso de aprendizaje es muy peligrosa la tenencia del libro, que tras ser aprendido se destruye. Después, en corrillos, en pequeños grupos de iniciados, cada uno recita el libro que se sabe, jugándose de nuevo la libertad y la vida.
Así se forma un núcleo de apóstoles de la cultura y de la libertad, que van pasándose ese sagrado conocimiento unos a otros, extendiendo el círculo de memoriosos y atravesando las generaciones hasta que algún día alguien recapacite y acabe con la prohibición, y los poseedores de esos conocimientos dicten de nuevo a los impresores las obras maestras que atesoran. Y si ese día no llega nunca, se las seguirán contando unos a otros para siempre.

No sé a qué temperatura (ni Celsius ni Fahrenheit) se carboniza el hormigón. Bueno, en este caso (La Pagoda, de Miguel Fisac) no ardió, y sí podríamos calcular qué resistencia presentó a la piqueta y con qué fuerza fue derribada.


La conocida popularmente como "La Pagoda" era la torre de los Laboratorios Jorba, que Fisac proyectó en el año 1965, y que es una de las obras maestras de la arquitectura contemporánea española.
Pero esta obra cumbre sufrió dos circunstancias adversas: La primera es que los terrenos en que fue edificada, que en su momento estaban fuera de Madrid y no tenían mucho valor, fueron integrándose en la progresiva expansión de la ciudad y subieron enormemente de precio, y prometían unos pingües beneficios si se petaban de muriendas. La segunda es que el Ayuntamiento de Madrid, que cataloga cualquier cosa que tenga más de cien años (una reja de balcón, un roñoso paño de ladrillo, una ménsula de piedra), tenga o no tenga valor alguno, aunque ya hubiera sido una castaña desde el lejano día en que vio la luz y haya estado ofendiendo a los ciudadanos durante siglos, no cayó en catalogar esta obra maestra, y no pudo (ni quiso) hacer nada aunque miles de arquitectos de todo el mundo clamamos contra semejante barbaridad.


Los fotógrafos de prensa sacaban fotos, y los operarios de las máquinas le daban golpes. Cada uno cumplía su misión y la pagoda desaparecía. (Conste como broma macabra que en esas fechas en el Ayuntamiento de Madrid gobernaban unos que se llamaban a sí mismos "conservadores").


"'La Pagoda' de Fisac ya no existe", dice el recorte de prensa, y la foto lo demuestra. ¡Hala! ¡Misión cumplida!
De la pagoda ya no queda nada. Bueno; sí. Queda la memoria. Quedan las fotos, quedan los libros, los recuerdos, los planos... y queda una heroica iniciativa que aplaudo sin reservas.

lunes, 29 de diciembre de 2014

El decálogo (del) bobo

Su Alteza Real el Príncipe Carlos de Gales tiene en su penoso historial más de una metedura de pata. Y de las gordas. A este hombre, desubicado de la Historia y desenfocado de lo que puede ser su misión en la vida, le dio desde joven por pintar acuarelas y -desgraciadamente para los arquitectos y para el mundo en general- por amar la arquitectura. Pero no ama la arquitectura. Ama una imagen romántica y falsa de una cierta arquitectura waltdisneyana y harrypotteriana en un mundo que nunca existió, y que nos transporta a un falaz siglo diecinueve, a la dulce y deliciosa Inglaterra que contó Charles Dickens. Qué hermoso: Hospicios que matan de hambre a sus alojados, rateros que roban bolsillos en la calle, estafadores, borrachos, usureros, mujeres apaleadas. ¡Qué bonito! ¡Qué belleza sin par!
En sus manifiestos por una arquitectura imposible y anacrónica proliferan los atardeceres, los miradores en fachadas de piedra, las cubiertas de brezo, los puentecitos sobre arroyos cristalinos... Este señor quiere que todos vivamos en una acuarela de las que él pinta.

Acuarela pintada por el Príncipe Carlos

El príncipe pinta unas acuarelas malísimas, que no se sostienen, que no se pueden mirar sin bochorno. (Lo siento, yo nunca me habría metido con él; allá cada cual; le habría dejado en paz pintando sus chorradas si él no se hubiera metido conmigo y con todos los arquitectos). Es -ay, no quería decirlo- aún peor pintor que Hitler, (que también era arquitecto aficionado; ay, Señor, qué cruz).

Acuarela de Adolf Hitler

Es patético ver los afanes de esta gente pretendiendo ser artistas sin tener ni la más remota idea de lo que significa ser artista, ni importarles un pimiento el arte, y confundiendo el culo con las témporas en una vaga ensoñación romántico-mística que no es de temer en un empleado de banca ni en un notario jubilado que pintan en los fines de semana, pero que resulta terrible en alguien que tiene poder para meternos a todos los demás, a la fuerza, esas imágenes deformadas de la realidad y esa forma enfermiza de vida.

El Príncipe Carlos pinta acuarelas desde joven

Sí, es muy bonito sentirse pintor, sentarse en una silla plegable, con uno de los perros a los pies y con unos cuantos lacayos siempre a mano por si te apetece un piscolabis o que te traigan agua limpia para la acuarelita.
(Por supuesto, el papel es el más gordo y más caro que haya en el mercado, los pinceles son de pelo de marta, y el agua es mineral, baja en sodio. Todo es lo mejor de lo mejor para pintar esas memeces).
Y el príncipe pinta palacios, naturalmente, pero también pintorescas casitas en las que imagina unos habitantes idílicos que, incluso sin calefacción, sin trabajo y sin subsidio, glorifican la entrañable vida británica y glorían la humedad que se filtra por esas bonitas pero desvencijadas ventanas de madera y por ese hermosísimo tejado de paja podrida que no tienen dinero para arreglar.
Pinte, príncipe; pinte Su Alteza Real nuestra bella miseria y nuestras simpáticas casas sabañonógenas. Pinte usted este rozagante color rojo de nuestras caras, ateridas de frío, y las hermosas columnas de humo que salen de nuestras chimeneas, ahumando nuestro cuartodeestarcocinadormitorio. Pinte, Alteza. Pinte, pero haga el puñetero favor, ya que no nos ayuda, de estarse calladito.

Acuarela del Príncipe Carlos

Porque este amante de la arquitectura que no sabe nada de arquitectura y que parlotea sobre ella sin haber pensado ni durante un segundo en toda su vida en los problemas reales de la arquitectura, en sus presupuestos y objetivos, en su misión y su función, se cree que la arquitectura es un mero decorado teatral, un motivo de fondo para sus insulsas acuarelas, y nada más. Siempre ha odiado la arquitectura moderna, que le resulta inhumana, cruel, fría y geométrica, y tan difícil de acuarelar. Quiere que todos vivamos en casas de madera o de piedra, y nos desplacemos en carros de caballos.
Claro que sí: Tampoco son buenos los hornos microondas ni las placas vitrocerámicas. Es mucho mejor tener una plantilla de cocineras que nos hagan la comida en horno de leña y en fogón de paja, y nos la suban al comedor a su temperatura justa y en su adecuado grado de cocción.
Y, naturalmente, que el agua de nuestro baño sea calentada con fuego de leña, y que nos la suban en jofainas una buena media docena de lacayos, perfectamente sincronizados para que el abastecimiento sea continuo y homogéneo. No es desdeñable que mientras nos bañamos nos entretenga un cuarteto de cuerda tocando piezas como mucho-mucho del barroco, pero mejor de los siglos XIV o XV, que estresan menos.
Eso es vida, nos dice el príncipe. Pues va a tener razón.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Carne de bronce

No, es inútil, tú no eres Napoleón Bonaparte ni el rey Cirilo de Inglaterra, tú eres carne de catequesis, carne de prostíbulo, carne de cañón, tú eres el soldado desconocido, el hombre a quien no le brilla una estrellita en la frente, los hombres que son carne de horca suelen tener más aplomo, la historia da mucha confianza, tú estás entre el público -en la catequesis, en la ramería, en el frente- y aunque a veces te crees el eje del mundo, no saldrás nunca a cuerpo limpio por encima o delante de los otros catecúmenos, de los otros frecuentadores de mujeres públicas, de los otros soldados, nadie se fijará en ti jamás pero no debes lamentarlo, cada cual llega hasta donde puede y los demás le dejan y a ti se te permite vivir, ¿te parece poco?, y aprender la doctrina e ir con mujeres y hacer la instrucción, y también recapitular, sobre todo recapitular.
Camilo José Cela, San Camilo 1936

-Joder, Don Camilo. Me ha dejado usted aplanado.
-Pues te jodes.

De acuerdo, qué remedio. Casi todos somos seres anónimos y sujetos pacientes. Pero hay algunos a los que sí les brilla una estrellita en la frente. Hay personas que pasan por la vida para dejar una clara huella, y no sólo sobre sus contemporáneos, sino también sobre los venideros, sobre la humanidad eterna.
Esas personas, benefactoras de la especie humana, han hecho un servicio impagable: Han descubierto cómo curar una enfermedad, o cómo se desplazan los planetas, o las propiedades de los icosaedros, o las costumbres de los ornitorrincos, o han hecho pensar, reír o soñar, o han hecho felices, de una forma u otra, a las personas. También están quienes han liderado un movimiento político, religioso o social. Los visionarios, y los héroes, y los santos.
Esas personas son carne de bronce. (También carne de mármol). La gente, casi toda la gente, o al menos bastante gente, les está muy agradecida, y en algún momento a alguien con poder para ello se le ocurre dedicarles un recatado rincón de una calle o el exhibicionista centro de una plaza para colocar allí su estatua.

Estos días se está hablando de erigir en Carabanchel, su barrio natal (de Madrid), una estatua de bronce de Rosendo Mercado, o simplemente Rosendo, el líder de Leño, el viejo rockero, el cantante social y comprometido, la voz del pueblo.

Rosendo

(Un amigo suyo, no recuerdo si Miguel Ríos o el Gran Wyoming, ha dicho que no lo ve claro, que no sabe si habrá suficiente bronce para la tocha). (*)
Hay un montón de gente firmando la petición, pero otros muchos admiradores de Rosendo están horrorizados ante esta domesticación del rebelde y ante esta rimbombancia obscena para la persona menos rimbombante del mundo. (Él ha dicho que si al final se la hacen procurará no pasar por allí, porque le da mucha vergüenza).
Hay otro punto de vista: ¿No es el espacio público de todos y para todos? ¿No merecen honores los artistas brillantes pero sencillos, los artistas del pueblo? ¿Tiene el pueblo que admirar siempre a los prohombres estirados y nunca ha de celebrar a las personas menos solemnes? (En todo caso, hay contradicción en dedicar solemnemente una solemne estatua para celebrar la insolemnidad de una persona).
Esa cuestión parece estar resuelta desde hace tiempo. Por ejemplo, el célebre payaso Fofó es carne de bronce desde hace años, y todos lo ven con naturalidad.

El Payaso Fofó
Parque de Atracciones, Madrid

Bueno, exactamente con naturalidad no. Porque, salvado el problema de si alguien sencillo, poco o nada ceremonioso y muy familiar merece bronce, surge uno mucho mayor: ¿Merece ese bronce?